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e-Journal de Medicina Familiar y
Atención Primaria Internacional

(Publicación cuatrimestral de IDEFIPERU.
Continuación de la revista RAMPA)
ISSN: 2223-8166

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MPA e--Journal . Año 6. Vol 5. Nro 2. Mayo-Agosto 2011

PUNTO DE VISTA

 

El arte de la narrativa en la propedéutica médica de las Enfermedades Crónicas
The art of the narrative in the medical propedaeutic of Chronic Diseases

José Luis Vivar Ojeda Od Rd.(1), Rosana María de los Ángeles Barragán Lobato Med Dr. FM (2)

Filiación de los Autores:

(1) Profesor e Investigador de Tiempo Completo en el Centro Regional de Educación Normal (CREN), de Ciudad Guzmán, Jal. (2) Hospital General de Zona con Medicina Familiar No.9 del Instituto Mexicano del Seguro Social

Od Dr: Odontólogo Titulado. Med Dr: Médico Titulado. MF: Médico especialista en Medicina Familiar.

 

Correspondencia para los Autores: Dr. José Luis Vivar Ojeda Email: jl_vivar@hotmail.com


MPAe-j.med.fam.aten.prim.int. 2011, 5 (2): 81-83.

Documento de posición editorial no sujeto a arbitraje.

Este es un documento de publicación abierta, que puede ser utilizado, distribuido y reproducido por cualquier medio, siempre que no sea para fines comerciales y el trabajo original sea convenientemente citado.

 

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RESUMEN

Introducción: Un elemento trascendental en el accionar médico se orienta a la narrativa de sus actividades. Una parte importante de esta narrativa se dedica principalmente a la Propedéutica como arma fundamental de su quehacer diario.
Objetivo: Resaltar algunos elementos que relacionan la medicina y la literatura. Señalar las causas por las que a través del tiempo han existido y existirán, múltiples médicos que se convierten en escritores por la gran afinidad entre las materias.
Temas abordados: El médico como escritor. La importancia de la escritura en la propedéutica médica.
Descriptores: Escritos Médicos, Propedéutica Clínica

ABSTRACT

Introduction: A transcendental item in the medical performance is oriented to obtain a detailed narrate of the doctor´s activity. An important part of this narrative is dedicated to the Propaedeutics, as a fundamental tool of this daily work.
Objective: To remark some elements of the relationship between medicine and literature. To indicate some causes because medical doctors have the tendency to become writers, due to the great affinity in these two areas.
Reviewed topics: The medical doctor as a writer. The importance of writing in the medical Propaedeutics.
Keywords: Medical Writing, Clinical Propaedeutics.

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¿Qué tienen en común Louis Ferdinand Celine, Pío Baroja, Arthur Connan Doyle, Anton Chejov y André Breton, por citar sólo unos cuantos como ejemplos? Pues que todos ellos además de excelentes escritores, fueron también médicos que ejercieron su profesión. A primera vista, la idea de que alguien llegue a fusionar la medicina con la literatura supone una dualidad extraña. Sin embargo es probable que, a pesar de su naturaleza tan disímbola, en el fondo mantengan una afinidad lógica porque ambas se sirven de las palabras y de las vivencias. Del médico al escritor hay un paso. Un paso que puede tomar tiempo, o que se realiza desde el momento en que alguien disecciona la realidad clínica para transmutarla en ficción literaria, lo cual implica plasmar una verdad cristalizada en mentira. Y esto a nadie debe sorprender porque la literatura se gesta como una quimera a través de una estética de lenguaje escrito.

Aunque la vocación del escritor tiene muy variados caminos, en el caso concreto de los médicos, uno de sus orígenes más probables deben encontrarse presente en el estudio y la práctica de la Propedéutica Clínica, asignatura que se cursa desde los primeros semestres en todas las universidades de medicina. Esta materia es el baluarte del diagnóstico que sirve de guía para conocer y analizar cualquier caso que se presente. De hecho, en el quehacer profesional no es tan sólo el primer encuentro entre el facultativo y el enfermo, sino que se trata de un diálogo íntimo y esperanzador. Mientras que el primero busca la información precisa y acentúa sus sentidos para detectar los detalles, y de esta forma establecer un juicio o un diagnóstico; el segundo aporta lo que siente y padece para recibir el alivio a todas sus dolencias.

Pero nada de lo anterior tendría validez y efectividad si el estudiante o el profesional no consiguen redactar en forma clara y precisa lo que se les manifiesta en la consulta. O si las descripciones que efectúa el facultativo no corresponden de ninguna manera con la realidad. Peor aún, si el caso atendido es referido a otros niveles u otras instituciones clínicas, lo más probable es que deba hacerse una nueva valoración con lo cual se estaría perdiendo tiempo valioso que pondría en riesgo la salud de la persona atendida (1).

Alfonso Reyes señalaba que la obra literaria exige la máxima rigidez, igual que la fórmula ritual o mágica, porque cada palabra es una entidad significativa, y si cambia o no es la más adecuada, la obra deja de ser lo que pretendía ser. En Propedéutica Clínica también lo es porque el uso equivocado de una palabra o un término pueden confundir o desencadenar serios problemas. 

Escribir es un arte que se cultiva con la práctica, aunque todo escrito conlleva a tener presente cuando menos dos aspectos vitales: describir y narrar. Lo primero consiste en hacer un dibujo, lo segundo en comentar de qué trata ese dibujo. El enfermo asiste a la consulta, el médico lo observa y traza un perfil de su aspecto externo, pero para hacerlo más tangible realiza acotaciones, las cuales se hacen más reveladoras cuando da inicio el interrogatorio y la exploración física. El resultado de esa sesión es un documento para la posteridad, una historia de vida que deja al descubierto la posibilidad de conocer, entender y atender una enfermedad, particularmente cuando esta es crónica (2).

Para lograr mejores resultados en el futuro, a los estudiantes de medicina se les debería hacer hincapié que la lectura de obras literarias y los ejercicios escritos son de capital importancia para alcanzar mejores resultados. El hábito de adquirir un libro con regularidad, y llevar un diario, pueden ser una opción. Otra supone inscribirse en algún grupo de lectura, o asistir a los talleres literarios. Todos somos portadores de herramientas lingüísticas que enriquecen el intelecto y abren las puertas a otros mundos. Leer y escribir no significa que alguien se convierta en escritor; esa es una posibilidad. La otra es más certera: nos hace libres, y también mejores personas.

En la historia de la medicina seguirán apareciendo médicos convertidos en escritores, quizás unos menos famosos que otros. Finalmente, eso a nadie le puede importar, debido a que el éxito editorial es variable. Basta mencionar a Connan Doyle, que en el consultorio mataba las horas de espera escribiendo la historia de un investigador privado que con el tiempo toda Inglaterra y el resto del planeta lo conocería como Sherlock Holmes. Mientras que Celine sufrió la persecución y el exilio por sus escritos antisemitas, logrando el éxito casi al final de su vida. En fin, escritores o no, lo rescatable del asunto es que quienes respondan al llamado de esa otra vocación, además de escribir historias ficticias lleguen a ser ejemplo de humanismo, guardianes de la salud, y comprometidos hasta el final con su vocación de servicio. Por eso, primero el médico, después el escritor (3).

BIBLIOGRAFÍA

(1) Cantú L, Flores MJ. Comunicación oral y escrita. 1a ed. México: CECSA; 1999.
(2) Lumbreras E. Crítica: en el instante del lenguaje. 1a ed. México: Universidad Autónoma de Puebla; 2009.
(3) Randall R. Escribir ficción. 1a ed. Barcelona: Paidos; 2003.